Luiza Iordache Cârstea, "Cartas desde el Gulag, Julián Fuster Ribó, un español en la Unión Soviética de Stalin"

       Después de años de un trabajo infatigable, finalmente Luiza Iordache ha publicado el libro sobre la vida del doctor Fuster. Gracias a su enorme labor, la historia de mi padre por fin sale a la luz. Es un momento de una intensa emoción porque los manuscritos que de él guardaba, fruto de sus veinte años de exilio en la URSS, han salido del cajón en que estaban enterrados para poner en conocimiento las vicisitudes de la vida de un cirujano testigo de unos de los episodios más terribles de nuestra historia reciente.
       El recuerdo de las experiencias vividas en la unión soviética entre los años 1940 y 1960 es uno de los pocos testimonios de un español de las atrocidades que el régimen estalinista cometió durante décadas en la URSS. Estas memorias, que durante tantos años permanecieron silenciadas, suponen uno de los relatos más desgarradores sobre las consecuencias de la revolución Bolchevique de 1917 a manos del régimen estalinista.
       Pocos testimonios tenemos de lo sucedido durante los días de la conocida como rebelión del Kenguir, y menos aún de manos de un médico español condenado a 25 años de trabajos forzados en los campos del Gulag por denunciar lo que estaba sucediendo en la Unión soviética. Han pasado 50 años de aquellos terribles acontecimientos y de que los campos del hambre cerraran para siempre sus puertas, unas puertas que atravesaron millones de ciudadanos rusos y nunca volvieron a traspasar. Mi padre, contra todo pronóstico sobrevivió. La lección que la vida del doctor Fuster es que aquellos fantasmas en que se convirtieron los millones de ciudadanos rusos que se vieron abocados a un exterminio perfectamente planificado y organizado, vuelven y volverán para recordarnos que los enemigos de la vida siempre encuentran una excusa para justificar sus fines.
       Para un médico, cuya labor consiste en aliviar el dolor de sus semejantes, suena a una excusa barata. No caben ideologías que puedan justificar tanto dolor y muerte. El doctor Fuster veneraba su profesión y sabía, como solo saben los buenos médicos, dónde radica el valor de la vida y cuál es el umbral a partir del cual las personas pierden su dignidad, lo que le llevó a tener que alinearse en muchas ocasiones, especialmente en los momentos más difíciles, del lado de los más desfavorecidos. Forjó su destino y el destino le forjó a él, apuntalando su coraje en su vocación, que prevaleció sobre el terror y la muerte que lo rodearon durante la mayor parte de su vida. Aliviar el dolor de sus semejantes, en la medida de lo posible, y denunciar todo lo que consideraba injusto, incluso en las circunstancias más adversas, siempre fueron más importantes que cualquier tipo de circunstancia personal, privilegio profesional o ideario político. Como él mismo decía, y sirvan estas palabras para comprender mejor cómo su personalidad marcó su periplo vital a través de la convulsa historia del siglo XX, «nunca he sabido mentir, siempre digo la verdad, aunque a veces esto no me trae nada bueno, pero no sé hacerlo de otra manera».
      Gracias Luiza, por tus desvelos y enorme dedicación para que este libro sobre la vida del doctor Fuster sea hoy una realidad. Estaba esperando este momento para abrir un blog desde el cual dar a conocer los manuscritos sobre sus vivencias en la URSS para dejar constancia de una realidad que durante mucho tiempo ha permanecido silenciada. Iremos transcribiendo sus cartas y manuscritos para que estén a disposición del público.

Rafael Fuster Ruiz

Comentarios

Entradas populares de este blog

Diario de un médico que ya está de vuelta de todo